Las condiciones básicas para aprender y para enseñar se
encuentran tanto dentro como fuera de las instituciones educativas. La
educación es el espejo de una sociedad, ya que en ella se reflejan las diversas
situaciones económicas, sociales, culturas y políticas de un país. Para esto,
si aspiramos a mejorar las condiciones de formación y de aprendizaje de las
personas que (por diversas circunstancias) más lo necesitan, no debemos buscar
todas las soluciones dentro de las instituciones o entidades educativas.
El modelo vigente de la educación (tanto en los ámbitos
formal, no formal e informal) está basado en unas actuaciones muy
‘’secuencializadas’’ y, además, tiene muchas carencias a la hora de hacer frente al fracaso escolar
y la conflictividad, de forma que las instituciones educativas y formativas, en
lugar de contribuir a la igualdad de todos los ciudadanos y ciudadanas, en ocasiones
se convierten en un agente reproductor del orden social.
La mentalidad sectorial, según el texto de Torres (2005) se
muestra en los comentarios: I) impide captar la totalidad y comprender la
complejidad e interdependencia de los fenómenos; II) no puede visualizar como
una meta el desarrollo comunitario y humano porque limita la mirada y el
horizonte; III) fragmenta el propio proceso educativo y formativo generando una
multiplicidad ‘’de educaciones’’ (para la salud, para el trabajo, para la
ciudadanía, para la convivencia, para la paz, etc)., que deberían ser
consideradas integralmente como parte de una buena educación básica.
La educación y la formación cada vez dependen menos de lo
que sucede en las aulas (o en los centros de formación o de las fundaciones
formativo-laboral), y más de las interacciones que establecen las personas a
sus casas, al barrio, al parque, etc. Para esto, pienso que es necesario pasar
de una visión de los procesos formadores y educativos más ‘’sectorial’’ hacia
una más ‘’trans-sectorial’’, es decir, trabajar de forma simultánea, donde el
hecho de que haya una institución formadora en una comunidad significa que esta
se convierta en una referencia para la población, donde no solo intervengan los
sujetos más ‘’implicados’’ (profesorado y alumnado), sino las familias, el
vecindario, las asociaciones del barrio, las instituciones públicas, etc.
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