dimecres, 17 d’abril del 2013

¿La educación se tiene que entender de forma sectorial?


Las condiciones básicas para aprender y para enseñar se encuentran tanto dentro como fuera de las instituciones educativas. La educación es el espejo de una sociedad, ya que en ella se reflejan las diversas situaciones económicas, sociales, culturas y políticas de un país. Para esto, si aspiramos a mejorar las condiciones de formación y de aprendizaje de las personas que (por diversas circunstancias) más lo necesitan, no debemos buscar todas las soluciones dentro de las instituciones o entidades educativas.
El modelo vigente de la educación (tanto en los ámbitos formal, no formal e informal) está basado en unas actuaciones muy ‘’secuencializadas’’ y, además, tiene muchas carencias  a la hora de hacer frente al fracaso escolar y la conflictividad, de forma que las instituciones educativas y formativas, en lugar de contribuir a la igualdad de todos los ciudadanos y ciudadanas, en ocasiones se convierten en un agente reproductor del orden social.
La mentalidad sectorial, según el texto de Torres (2005) se muestra en los comentarios: I) impide captar la totalidad y comprender la complejidad e interdependencia de los fenómenos; II) no puede visualizar como una meta el desarrollo comunitario y humano porque limita la mirada y el horizonte; III) fragmenta el propio proceso educativo y formativo generando una multiplicidad ‘’de educaciones’’ (para la salud, para el trabajo, para la ciudadanía, para la convivencia, para la paz, etc)., que deberían ser consideradas integralmente como parte de una buena educación básica.
La educación y la formación cada vez dependen menos de lo que sucede en las aulas (o en los centros de formación o de las fundaciones formativo-laboral), y más de las interacciones que establecen las personas a sus casas, al barrio, al parque, etc. Para esto, pienso que es necesario pasar de una visión de los procesos formadores y educativos más ‘’sectorial’’ hacia una más ‘’trans-sectorial’’, es decir, trabajar de forma simultánea, donde el hecho de que haya una institución formadora en una comunidad significa que esta se convierta en una referencia para la población, donde no solo intervengan los sujetos más ‘’implicados’’ (profesorado y alumnado), sino las familias, el vecindario, las asociaciones del barrio, las instituciones públicas, etc.

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