El mundo a cada rato es una película producida por TUS OJOS conformada por cinco
cortometrajes con temas diferentes. Aquí os muestro el quinto corto llamado Binta y la gran idea de Javier Fesser. El cual
aborda la importancia que tiene que las niñas también vayan al colegio (la
educación igualitaria) y también nos muestra la deshumanización que existe en
los países más desarrollados, como en los tubabs (las personas europeas); por
lo que aborda la educación en valores.
Primero mencionar brevemente la sinopsis: Binta es una niña
que vive en una aldea de Senegal, con sus siete años va cada día a la escuela y
sueña con ser "mujer sabia de estado". Asimismo, Binta admira a su
padre porque cree tener la gran idea: la solución para el verdadero progreso de
la humanidad. En cambio, su prima Soda no tiene la misma suerte que ella ya que
su padre no le deja ir al colegio argumentando que él es el cabeza de familia y
ella tiene que ocuparse de la casa y de sus hermanos para más tarde ser casada.
Quiero
invitaros a reflexionar sobre el cortometraje de Binta y la gran idea,
además creo conveniente resaltar algunas expresiones citadas en él tales como:
ü
“Tanta cesta para tan
poco pez”.
ü “Mi padre dice que todos/as los/as niños/as del mundo tienen
derecho a educarse en un espíritu de amistad, de tolerancia, de paz y de
fraternidad. Todos/as los/as niños/as, incluso los tubab”.
ü “Mi padre dice que
debemos aprender del comportamiento de los pájaros. Los pájaros son tan listos
que toman lo mejor del norte y lo mejor del sur”.
ü “¿Y para estar
juntos como lo vamos a hacer? Nos mezclaremos; es decir nos vamos a respetar, vamos a
aceptar nuestras diferencias, mezclarnos los negros y los blancos, el
pequeño y el grande, las niñas… Eso haréis en nuestra escuela y cuando seáis mayores
eso es lo que haréis en el mundo de
mañana.”
A modo de conclusión podemos señalar una parte de
la carta que el padre de Binta entrega a las autoridades.
“Si seguimos el camino que el primer mundo nos
marca corremos el riesgo de que los hijos de nuestro hijos se queden sin peces,
sin árboles, sin aire…y en el afán de acumular bienes nos lleve a perder el
sentimiento de solidaridad y que el miedo a perder las riquezas acumuladas nos
lleve a destruirnos entre nosotros”.
Con esto, quiero terminar explicando que ellos/as
como vemos en el corto son capaces de compartir con los demás todo aquello que
tienen por muy vacía que este la cesta; aunque tengan muy poco. En cambio, ¿y
nosotros/as, los tubabs?, llenamos hasta el límite la cesta y compramos y
compramos más “cestas” para seguir llenándolas, aunque aquello comprado no sea
necesario. Y aun así, teniendo mucho, no sabemos compartir ni “mezclarnos”
entre nosotros/as.
Para seguir con esta reflexión: ¿Quién tiene que “salvar”
a quien?, ¿Quiénes son realmente felices? o, expresado de otra forma, ¿Qué felicidad
es más “sana”? Nosotros/as poseyendo tantas riquezas hemos olvidado lo
realmente importante: la felicidad compartida entre todos y todas. Y es que
tanta innovación tecnológica nos llevado hacia el individualismo y la
deshumanización.


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