¿No es el ser humano el único animal racional que puede
mimar, construir y progresar con respecto a su mundo?... ¿Es más sencillo dar
la espalda a aquello que un día supuso el fin del mundo para tantos seres humanos?... ¿Somos las personas
sólo capaces de responder a una convivencia sin prejuicios cuando nos aborda el
KAOS? ¿Hasta qué punto son algunas voces mediocres, hipócritas y orgullosas de
ocultar información pese a que nuestra vida esté en juego? ¿Es este el
principio de nuestro fin?... Imagino el diabólico miedo dibujado en las pupilas
de los ojos de aquellas personas que, pudieron ser testigas/os directas, de
aquella bola de fuego aterradora, que era el fantasma de la barbarie que el ser
humano puede crear con sus fórmulas y con su licencia lícita de manipular a
cualquier precio… En base a estas preguntas, he realizado un texto acompañado de imágenes que muestran el lado más oscuro de las catástrofes nucleares... Os invito a que conozcáis:
CHERNOBIL EL MAYOR DESASTRE NUCLEAR DE LA
HISTORIA...
Aunque pasan los años, sigo llorando cuando leo…
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| Monumento eterno a la desolación |
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Rezar aunque no supieran oración alguna
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| Salvar y morir VS Huir y morir |
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| Unión como única opción |
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| Leucemia |
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| Territorios fantasmas |
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| Sueños que nunca vieron la luz |
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| Esperanzas que murieron lenta y cruelmente |
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| Malformaciones |
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| Soledad |
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| Nubes grises perennes |
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| Vidas truncadas |
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| Aquello que nunca imaginamos antes |
En Ucrania, a
unos 100 kilómetros al norte de Kiev el 26 de abril de 1986 a la
1:23 el rector numero 4 de la central
nuclear de Chernobyl sufre el mayor accidente nuclear conocido hasta nuestros
días y en toda la historia de la humanidad.
No somos nadie,
y sin embargo, somos a su vez una increíble máquina de matar. Ese día falló un
sistema de seguridad y se desató una catástrofe… Todo estaba fuera de control,
y apareció una incontrolada generación de vapor en el núcleo del reactor, de
forma muy rápida se superaron en 100 veces los máximos admitidos; con la
fatalidad de que estallaron por sobrepresión los conductos de alimentación y la
coraza protectora de grafito del núcleo produciéndose un pavoroso incendio, y
la expulsión al exterior de 8 toneladas de combustible radiactivo.
Las consecuencias
de la catástrofe afectaron a un área con casi 5 millones de habitantes,
contaminando el 23% de la superficie de la vecina Bielorusia, partes de Rusia y
Ucrania y algunas regiones de Polonia, República Checa y Alemania. Las brigadas
especializadas enfrentaron la heroica tarea de sofocar los incendios y
neutralizar el núcleo del reactor arrojando toneladas de químicos y arena desde
los helicópteros. Y las consecuencias llegaban de inmediato, dejando escrito el
miedo y la pesadilla a su paso. Al menos 30 de sus integrantes murieron por
niveles de exposición letal en el mismo momento. Durante los siguientes meses
otros liquidadores adicionales en un número que en total se estima en 600.000
entre militares, técnicos y voluntarios trabajaron en la construcción de un sarcófago
de concreto para sellar las fugas y reducir la contaminación en las adyacencias
expuestos a altas radiaciones.
Pero, mientrastanto… ¿Cuál fue la
respuesta del resto del mundo? Esconder la magnitud de la tragedia de modo que
el miedo no se apoderara de las mentes humanas. ¿Cómo persiste el valor de
esconder a la humanidad la nube de radiación nuclear que arrasaba cuanto
pillaba a su paso? Me cuestiono y pongo en duda una vez más las respuestas de
aquellas personas, que supuesta y fríamente, velan por nuestra protección y
dignidad humana. Sin ir más lejos, se debió haber aplicado un protocolo de
emergencia para no consumir verduras, frutas y leche, según fuentes
secundarias, sin embargo nada de esto se llevó a la práctica, puesto que
cundiría un kaos, tal vez innecesario. La
catástrofe inicialmente disimulada en su verdadera magnitud por Rusia trascendía
a la propagación por toda Europa y algunas voces pretendían seguir silenciadas.
El miedo se había hecho dueño de miles de personas y la incertidumbre vivida
desde entonces fue la eterna compañera, por el resto de vida de tantas almas
que quedaron hundidas en la miseria moral, física y trascendental.
La población de
Pripiat fue la primera en ser evacuada, el radio se extendía como la espuma
alcanzando y arrasando hasta los 30 kms. a otras localidades que también serían
definitivamente evacuadas. Y así sucesivamente… Hasta una cifra aproximada de
350.000 personas. Los despliegues de personas abocadas a la cooperación aún
sabiendo que iban a morir, muestra una fortaleza en el ser humano, que no puede
describirse con palabras. Tratar con el terror más exhaustivo debe ser una de
las peores muertes dolorosas. Había que depurar
con ánimo de conseguir asepsia y, producción agrícola y ganadera, debía
ser destruida, así como las áreas próximas a la zona cero abandonadas
definitivamente, dejando zonas similares a cementerios en plena urbe. Ni etnia,
ni religión, ni nacionalidad, ni banderas, tampoco las fronteras fueron un
motivo de disgregación, la unión debía ser la fuerza para rezar y rogar aunque
no supieran bien a qué dios, que aquel desastre que había llegado de manos del
ser humano, terminara cuanto antes, si es que no suponía aquello un final del
mundo enigmático, lento y doloroso.
Pasó el tiempo y, una década y media más tarde
la evaluación de víctimas totales por parte de organizaciones no
gubernamentales debido a contaminación directa o por consecuencias indirectas
de la catástrofe ascendía a 20.000 personas muertas o con pronóstico fatal
debido a las afecciones contraídas debido a la radiación y cerca de 300.000
aquejadas por distintos tipos de cáncer.
Ha sido tardío
el informe que la OMS ha realizado sobre la magnitud de la tragedia hasta
nuestros días, aunque recogiendo algunos de los puntos más clave podemos
saborear todavía el dolor en las mentes ajenas. Investigando al respecto, caí
en la cuenta de que posiblemente en el momento, las personas de haber sabido lo
que suponía sobrevivir con secuelas, hubieran adquirido el pasaje hacia el otro
mundo sin pensarlo dos veces, puesto que la radiofrecuencia es la peor arma de
destrucción masiva, en manos del ser humano. Otro de los puntos que más me
descolocó es que en algunas zonas de Belarús, Rusia y Ucrania, todavía
persisten radionucleidos con los que conviven aún sabiendo de la existencia de
estos. En cuanto a las enfermedades la cifra de 4.000 tipos de cáncer nuevos,
derrite mi entereza y me deja casi sin aliento. Los supuestamente ambiciosos programas de
rehabilitación y prestaciones sociales iniciados por la antigua Unión Soviética
no fueron nunca suficientes y personas han quedado al borde de la desolación.
Si hubo algo que me hizo casi estallar mientras leía, fue conocer que los
elementos estructurales del sarcófago construido en torno al reactor dañado se
han deteriorado, con el consiguiente riesgo de hundimiento y liberación de
polvo radiactivo…
Me
gustaría finalizar reflexionando en torno a la idea de si este capítulo
continuará, si tenemos que temer... Yo lo pienso, cuando miro más allá... También dejo abierto y a debate de si es lícito dejar que esas
zonas estén habitadas y que sigan funcionando como cualquier otro contexto
sociológico de los que nos envuelve, aún a sabiendas de que el riesgo persiste
bajo las baldosas de aquellas calles que tiemblan en silencio.
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