dijous, 23 de maig del 2013

Las dos caras de la moneda


Las dos caras de la moneda


Somos esclavos de un dinero inexistente, conseguirlo y acumularlo son las principales funciones de todo ciudadano inmerso en la economía global. La moneda condicionada como necesidad nos revela su función de control en el equilibrio social, fomentando competiciones entre ciudadanos que tiene como respuesta grandes abismos de desigualdad entre las retribuciones que tienen los expertos en la maquinaria monetaria y los que intentan seguir el ritmo económico haciéndoles adictos a un dinero ficticio. Si el fin es el dinero no hay medio que impida su obtención para su consiguiente acumulamiento, proceso dentro del cual no es necesario emplear esfuerzo si tienes los medios adecuados por supuesto. Esta lógica nos muestra que el dinero no puede concebirse como un valor estándar, sino más bien esta específicamente pensado para descompensar la balanza. Lógica que se encarga también de inducir la idea del dinero como categorizador social.
Pero dentro de esta sociedad también se despierta la conciencia, la visión real y las convicciones de que se puede salir de su círculo viciado por una economía beneficiada por el egoísmo humano. Entre estas conciencias se encuentran el nacimiento de iniciativas de intercambio, no solo de objetos materiales, si no de tiempo, se trata de darle la importancia que merece el tiempo mediante intercambios en los que ambas partes salgan beneficiadas, los llamados bancos del tiempo. El dinero ya no debe fijar el valor de las personas, puede verse como una herramienta de movimiento social comunitario la cual crea ambiciones paralelas no asociadas con el dinero, si con la ayuda y el progreso personal. Estas iniciativas extendidas por países europeos como Francia Inglaterra o España (por cierto, Barrio de ruzafa, literato Azorín nº 39, bajo) tienen cada uno su sistema, puede crearse mediante los bonos de retribución de las ayudas o mediante el trueque directo de objetos pero en cualquier caso de una forma equilibrada acorde con la ayuda prestada y actuando dentro de las posibilidades individuales. Se puede concebir también como un elemento reintegrador ya que tiene contacto con la realidad mediante la ayuda y se comienzan a ver iniciativas de reinserción instituciones penitenciarias o de ayuda social. El tiempo vale más que el dinero para quien no lo puede comprar.
Una nueva forma de ver la economía como un elemento distributivo no dominante, crea movimientos sociales (mercados de trueque, bonos de ayuda, talones de tiempo…) que fomentan la participación comunitaria dándole un sentido de interrelación humana.
El dinero ataca la realidad creando una esclavitud escondida, esto es un contraataque directo al egoísmo monetario. 

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