Las dos caras de la moneda
Somos esclavos de un dinero
inexistente, conseguirlo y acumularlo son las principales funciones de todo
ciudadano inmerso en la economía global. La moneda condicionada como necesidad
nos revela su función de control en el equilibrio social, fomentando
competiciones entre ciudadanos que tiene como respuesta grandes abismos de desigualdad
entre las retribuciones que tienen los expertos en la maquinaria monetaria y
los que intentan seguir el ritmo económico haciéndoles adictos a un dinero
ficticio. Si el fin es el dinero no hay medio que impida su obtención para su consiguiente
acumulamiento, proceso dentro del cual no es necesario emplear esfuerzo si
tienes los medios adecuados por supuesto. Esta lógica nos muestra que el dinero
no puede concebirse como un valor estándar, sino más bien esta específicamente
pensado para descompensar la balanza. Lógica que se encarga también de inducir la idea del
dinero como categorizador social.
Pero dentro de esta sociedad
también se despierta la conciencia, la visión real y las convicciones de que se
puede salir de su círculo viciado por una economía beneficiada por el egoísmo humano.
Entre estas conciencias se encuentran el nacimiento de iniciativas de
intercambio, no solo de objetos materiales, si no de tiempo, se trata de darle
la importancia que merece el tiempo mediante intercambios en los que ambas
partes salgan beneficiadas, los llamados bancos del tiempo. El dinero ya no
debe fijar el valor de las personas, puede verse como una herramienta de
movimiento social comunitario la cual crea ambiciones paralelas no asociadas
con el dinero, si con la ayuda y el progreso personal. Estas iniciativas
extendidas por países europeos como Francia Inglaterra o España (por cierto, Barrio
de ruzafa, literato Azorín nº 39, bajo) tienen cada uno su sistema, puede
crearse mediante los bonos de retribución de las ayudas o mediante el trueque
directo de objetos pero en cualquier caso de una forma equilibrada acorde con
la ayuda prestada y actuando dentro de las posibilidades individuales. Se puede
concebir también como un elemento reintegrador ya que tiene contacto con la
realidad mediante la ayuda y se comienzan a ver iniciativas de reinserción instituciones
penitenciarias o de ayuda social. El tiempo vale más que el dinero para quien
no lo puede comprar.
Una nueva forma de ver la
economía como un elemento distributivo no dominante, crea movimientos sociales
(mercados de trueque, bonos de ayuda, talones de tiempo…) que fomentan la
participación comunitaria dándole un sentido de interrelación humana.
El dinero ataca la realidad creando
una esclavitud escondida, esto es un contraataque directo al egoísmo monetario.
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